Por: JAIRO NORBERTO BENAVIDES MARTÍNEZ 

Pido al lector que la siga despacito 

porque trajo cambios radicales. 

Un amigo de Leopoldo, recién desempacadito de USA 

hacía, decían, “inmensa rumba” en Miraflores. (Que viva la música 122).

Resumen 

Este texto es el acercamiento a esa amalgama de saberes que empiezan a circular en una ciudad que inicia su proceso, como lo dice Rama (2002),  escriturario y que abre en las mentes juveniles la construcción de una cosmovisión dicotómica entre la tradición  y la modernidad, motivo por el cual en los relatos caicedianos circulan expresiones que visibilizan ese saber en pugna en la juventud de entonces, entre un pasado provincial y su momento histórico, deslumbrado por un léxico nuevo que rompe fronteras e imaginarios. Por eso vamos a hablar de: Medicina popular-remedios caseros; refranes y frases personales; piropos, entre otros aspectos a través del legado que nos deja Andrés Caicedo. 

Palabras Clave: Medicina popular, refranes, piropos, visión juvenil.

Introducción

Tratar de reconstruir el que hacer, la visión de mundo y la cosmovisión de la juventud caleña a través del legado que nos deja Andrés Caicedo con su obra es quizá el propósito de este trabajo y se hace mediante el seguimiento a las expresiones que dan cuenta del saber popular. Ese saber que en el caso latinoamericano ha hecho el recorrido desde su pasado indígena hasta los momentos de crisis de los sesenta donde se va configurando la concreción de ese nuevo prototipo o paradigma de tipo humano compuesto por la suma de las razas humanas o como una “síntesis de todas” (José Vasconcelos, citado por R.H. Moreno Duran  338), refiriéndose al mestizo latinoamericano.  

En una entrevista a Guimarães Rosa (en Lorenz 22) manifiesta que las labores de la crítica literaria deberían ser complementar y permitir el acceso a una obra. Considera que ésta tiene una función indispensable al ser “productiva y co-productiva”. Concretamente dice que debe ser “un diálogo entre intérprete y autor, una conversación entre iguales que sólo se sirve de medios diferentes” (22). 

Siguiendo esa línea de análisis, en cuanto a que la lectura debe ser complementaria y en tanto tal muestre el potencial de un texto estético, pretendo ingresar a la obra caicediana a través de las diferentes manifestaciones del saber popular para descubrir la concepción del mundo que la obra muestra; ser un intérprete más de ese universo juvenil proyectado por Andrés Caicedo. 

Si se hace un recorrido global por la cultura popular vallecaucana vamos a encontrar algunos referentes importantes que recogen ese legado ancestral, que lucha con nuevas manifestaciones tanto en el saber como en la cultura popular en general. 

Verbigracia, Raúl Silva Holguín, en un libro que obtuvo el primer puesto en el concurso literario “Ensayos Folclóricos” organizado por la gobernación del Valle del Cauca en 1960, editado en 1965, nos ofrece un compendio de las variadas manifestaciones de la cultura popular. En el libro encontramos desde formulas sobre comidas típicas como la de los envueltos de Chichichoque y del Dulce de sebo hasta agüeros y supersticiones como el del abejorro, el del huevo;  Mitos y Leyendas como el del Huakar y el de Buziraco, entre otros.  

German Pinilla Higuera (1997), de igual manera da cuenta de las manifestaciones culturales de los pueblos vallecaucanos donde se resalta la presencia indígena, lo afrodescendiente y lo mestizo. Su libro recoge un panorama general de las manifestaciones de la cultura popular en el Valle del cauca. Nos ofrece algunos indicios de lo que fue la presencia de la cultura Ilama, Malagana y Yotoco, así como de la colonial con su arquitectura, de la afrodescendiente con su riqueza gastronómica y musical, como la de los migrantes de los pueblos andinos de Colombia que le han enriquecido las manifestaciones culturales del valle del Cauca. 

Lo interesante es que el libro quiere advertir sobre una problemática que se está empezando a gestar en la región y que obedece, de igual modo a una preocupación global toda vez que autores como Umberto Eco o García Canclini empiezan a estudiar y es la influencia de los mas media con su contenido “supermegaplay”, calificativo que Pinilla le atribuye a las manifestaciones culturales provenientes del consumo cultural de Estados Unidos donde se resalta “el último alarido en los blue jeans, el último peinado con brillantina, los avisos de restaurantes como Burger King y Mac Donald” (29), entre otros. 

En la obra Caicediana vamos a encontrar, entonces rasgos de esa amalgama de saberes que empiezan a circular en una ciudad que esta en pugna entre un pasado provincial, anquilosada en cosmovisión aún rural a otra moderna que empieza a apropiarse de nuevas visiones de mundo. De ese legado anterior tratamos de dar cuenta de expresiones que visibilizan ese saber que circula aún en la juventud de entonces. Vamos a hablar de: Medicina popular-remedios caseros; refranes; frases personales y piropos, entre otros.  

La Obra caicediana

Se reconoce que la obra Caicediana vislumbra marcadamente la “voz o las voces del o los jóvenes del pueblo”, a quienes escucha y de quienes recoge toda su oralidad en todas sus corrientes de habla como lo manifiesta Duchesne (2007), para quien “el estilo de Caicedo despunta en los monólogos desaforados de sus narradores y a veces monotemático, arrastran consigo incontables voces, exponiendo estratos de resentimiento multitudinario” (17) que lo encontramos en el cuento “El Atravesado” en el que mediante una narración en estilo indirecto, muestra voces de jóvenes haciendo fila para entrar al cine club del teatro San Fernando, por ejemplo. 

La extracción de enunciados de una juventud para construir una narrativa sobre ella realizada por Caicedo tiene sentido asociado a crear conciencia social, conciencia de clase económica, conciencia de la ubicación geográfica que ocupa, de la potencialidad simbólica de su territorio, advertencia sobre los peligros que les acechan y, por qué no, del futuro que le espera: “Aprende a no perder la vista, a no sucumbir ante la miopía del que vive en la ciudad. Ármate de los sueños para no perder la vista” (Que viva la música  254); o aquella que dice: “No accedas al arrepentimiento ni a la envidia ni al arribismo social. Es preferible bajar, desclasarse; alcanzar el término de una carrera que no conocía el esplendor, la anónima decadencia” (Que viva la música 255). 

Caicedo explora las facetas de los sujetos citadinos que empiezan a perfilarse con una cosmovisión propia de ciudades letradas por donde, como lo ha advertido Ángel Rama (1982), ingresan nuevas cadenas de signos y de significaciones, migrantes desde múltiples latitudes con presencia principal en medios como el cine, la música, y una reciente publicidad, los cuales marcan un nuevo mapa mental que se construye en el imaginario de una juventud en trance: “vivimos el momento de mas significación en la historia de la humanidad, y es que se ha exigido tanto de los culimbos. Somos la nota melosa que gimió el violín” (Que viva la música 253). El resultado de ello es una  juventud que ignora y a la vez, como ratón de laboratorio, es explotada por una sociedad que no tiene orientación clara sobre su futuro, su norte y sobre todo, porque ha olvidado formar, preparar a los jóvenes en su rol o función en una sociedad en crecimiento y en las dinámicas propias de la modernidad, lo que lleva a uno de los narradores a enunciar una conclusión contundente y fatal, “a mi pesar; sacar‚ la teoría de que el libro miente, el cine agota, quémenlos ambos, no dejen sino música”. (Qué viva la música 253)

En este orden de ideas, Jiménez (50) plantea que “el cuento Maternidad, despliega una crítica reconstructiva o desenmascaradora de un discurso predominante sobre la juventud que revitaliza (juveniliza) el imaginario instituido por el adultocentrismo moderno hoy mundializado” y que de una u otra manera, “este discurso es replicado, ironizado, hasta poner en evidencia con corrosivo sarcasmo su potencial totalitario y misógino” (51). Plantea de igual manera la existencia de cuatro sociolectos, de los cuales presentamos dos, pertinentes para nuestro propósito: “el del joven de éxito, utópico y frívolamente esperanzado quien mediante una rebelión al extremo individualista, indiferente y atáxica, toma un curso de fascismo y misoginismo satisfecho” al que llama neoadulto; y el segundo, “el discurso al margen, que ironiza la narración desde atrás y que se encarga de poner en evidencia la ideología del narrador” pero que durante el proceso de construcción de los relatos, oculta, cual tramoyista, los “hilos invisibles que hacen posible la ilusión de la escena, instaura la sospecha sobre la perversidad de una utopía que se quiere mesiánica, heroica, válida, y esperanzadora pero que es más y peor de lo mismo” (51). 

En ese proceso de crecimiento hacia otro nivel de desarrollo hallamos a un Caicedo o a una juventud que quiere asumir un reto mayor al tratar de leer textos o autores que estaban impactando la ideología de la época, como es el caso de Marx, Nietzsche, Freud, entre otros. Al respecto, Caicedo, en su obra nos dice que  “estudiaba El Capital con estos amigos míos, hombre, pues era, a no dudarlo, una nueva etapa, tal vez la más definitiva de esta vida que ahora me la dicen triste, que me la dicen pálida” (Que viva la música 17). 

En una entrevista que Sonia Elyeye Echeverry le hace a Alfonso Echeverry Llano pregunta si es posible calificar a Andrés Caicedo como marxista, y éste manifiesta que “si consideramos que un marxista es un individuo que entiende lo que es la ideología marxista, comprende los defectos, los daños, los vicios del capitalismo, las posibilidades o necesidades de un Socialismo para una Sociedad mejor, sin necesidad de caer en la militancia o en el compromiso, sería un Marxista” (22). En la novela Que viva la música (12) encontramos que el personaje incumplió a citas para leer El Capital. La narradora manifiesta sus inclinaciones por la lectura colectiva para adquirir compromiso histórico y conciencia de clase como se hacía en la mayor parte de ciudades y pueblos, podríamos decir latinoamericanos, que estaban empezando a crecer y a ser influenciados por movimientos políticos y sociales que buscaban emancipar a los individuos de todo yugo para dar “poder para el pueblo”; sin embargo, no se puede afirmar que ello es muestra de su inclinación ideológica. 

Para nadie es extraño que los relatos de la obra caicediana tratan de los sucesos, aventuras, acontecimientos vividos por jóvenes caleños que atraviesan un momento histórico especial para una ciudad provincial como Cali, como fueron los años sesenta y setenta del siglo XX. Cali era una ciudad en pos de un desarrollo urbano, que perdía su condición rural y en tanto tal, ocasionaba una crisis en su población. Momento especial para una juventud que quiere salir de su casa, perderse de la mirada paterna, dejar esa condición doméstica del sujeto provincial para apropiarse del espacio urbano, recorrerlo, reconocerlo, sentir ese territorio que se impregna en un mapa mental y por eso las voces narrativas de la obra caicediana, guían, focalizan, cual lupa, la mirada del lector hacia los hitos más significativos del referente simbólico urbano: “Vivía, pues yo, en el sector más representativo y bullanguero del Nortecito, aquel que comprende el triangulo Squibb-Parque Versalles-Dari Frost” (Que viva la música 39), en un tiempo verbal presente continuo para que ese momento histórico no se pierda en los avatares propios de la historia de los pueblos, y quede guardado así en el museo de la memoria colectiva que constituyen los relatos y narraciones literarias. 

Medicina Popular, remedios caseros o consejos maternos.

Antes que todo es importante tener en cuenta que en la historia de las profesiones en Colombia, las de menor acceso para la mayoría de los jóvenes, eran precisamente las relacionadas con el campo de la salud. Una familia deseaba tener entre sus integrantes un médico o un odontólogo pues ello garantizaba un futuro promisorio para su hijo. Ante estas restricciones en el manejo del saber profesional de la salud, era recurrente el uso de los remedios caseros para aliviar cualquier inconveniente de tipo físico, de tipo espiritual, de tipo emocional o de tipo sicológico. De hecho ese saber circulaba en la oralidad de los pueblos y éstos tenían, de igual modo, personas que los aplicaban con mayor conocimiento como son las parteras o los llamados culebreros.

En la obra ya citada del maestro Silva Holguín, por ejemplo vamos a encontrar un aparte, a manera de diccionario, dedicado a un recetario campesino (213), donde aparecen formulas para combatir algunas enfermedades o dolencias de varias índoles. Para las agrieras, por ejemplo, recomienda la toma de los propios orines y para los cálculos biliares, tomar por tres días y en ayunas, sumo de llantén, mezclado con limón y si eso le produce diarrea,  pide tomar leche agria; es decir, kumis. 

En las obras de Andrés Caicedo también encontramos recetas o remedios caseros que aunque son pocos dan cuenta de ese legado conservado aún y que de hecho va perdiendo vigencia ante la popularización de la profesión médica y el crecimiento de la ciudad hacia su modernización. Como legado de ese ambiente pasado, encontramos por tanto “agua de panela para que yo durmiera y no tuviera pesadillas ni nada de eso” (El Atravesado 16), un “baño del ojo izquierdo con el trapito de agua caliente” (El Atravesado 18), para calmar las magulladuras de un golpe, o una manzana para curar los males del sueño, “Ella la vio y me dio un beso que me supo a manzana, porque es lo mejor que hay para el sueño y para la pelea, lo dice Akira Nagasaka” (El Atravesado 38). 

Aunque no está demás mencionar algunos consejos que le da su madre, como parte de esa “medicina familiar” que le puede dar a su hijo cuando ella es consciente de lo que a éste le espera en la vida callejera que empieza a emprender, “Volverse popular sin necesidad de meterse de cantante, eso fue lo que siempre me enseñó mi madre” (Que viva la música 58). 

Y también en ese léxico juvenil encontramos términos que muestran la búsqueda de cierto nivel de respeto con figuras o íconos que de alguna manera tienen un estatus mayor en esa jerarquía axiológica de las culturas, tales como las figuras paternas a quienes se protege hasta el punto de evitar que se nombren en una conversación y menos, que se califique o se incluya en los insultos entre las galladas. Lo encontramos en El Atravesado, donde Andrés Caicedo nos dice, “que se metió con mi mama, a quien le va a gustar, con mi mamá zona” (15). 

Refranes y Expresiones Propias. 

Cómo sucede con los remedios caseros, los refranes usados por Caicedo son pocos, y la mayor parte de ellos, clásicos y su uso corresponde a una estrategia narrativa para buscar la participación del interlocutor, quien se ve así en la necesidad de seguir el discurso de quien narra “dígame si miento, más claro no canta un gallo” (El Atravesado 45);  plantear un punto de vista, las conclusiones que se tienen de una experiencia vivida: “Tú enrúmbate y después derrúmbate” (Que viva la música 257); dar un consejo para superar un obstáculo: “La boca del túnel era pequeño, pero si te cabe la cabeza te cabe todo el cuerpo” que se complementa con otro que de alguna manera se puede usar en circunstancias similares: “Correr porque todo lo que tiene entrada tiene salida” (El Atravesado 33), o el que muestra todavía la presencia del catolicismo entre sus narradores, “Al que madruga dios lo ayuda” (Que viva la música 140), pese a que alguno de ellos leyó El Capital de Marx, para quien “la religión es el opio del pueblo”. 

No obstante, en esta misma línea de los proverbios, refranes y dichos quiero nombrar frases propias que de igual manera sintetizan, concluyen, muestran la reflexión sobre el quehacer cotidiano de los jóvenes. 

La conciencia que logra Caicedo llega a un nivel tan alto que reconoce las implicaciones que tiene el joven o el individuo cuando asume un reto, una posición de grupo, una filiación política, un compromiso laboral o un enamoramiento. Lo señalado se hace evidente en la siguiente frase: “Que no se puede ser pesimista cuando uno se ha metido a aventurero” (El Atravesado 32). Conciencia que de una u otra manera había adquirido con el rigor con que enfrentaba la visión de películas y la lectura de libros que lo llevó a repetir, hasta por catorce veces un mismo film y tratar así de desenmarañar todos los sentidos posibles que puede tener el relato cinematográfico. Aunque siempre tuvo distancia con lo académico, esta frase muestra que su trabajo, cuando leía, escribía o veía una película, de igual manera tenía el rigor propio y necesario del investigador del mundo académico. 

Su afecto por la ciudad tiene los vaivenes propios de un joven que mantiene en estado de ánimo voluble, en constante cambio, propio de un ser depresivo, que unas veces cuando es comprendido y amado por sus seres queridos, refleja ese amor por lo que hace y por el espacio que ocupa. Bajo esa lupa, su mirada sobre la ciudad es favorable, y por eso nos dirá “bonita la ciudad, ¿no es verdad? Mauricio estuvo de acuerdo: si, muy bonita, dijo” (De Arriba Abajo de Izquierda a Derecha, en Calicalabozo 39); que complementa, más abajo en el mismo relato donde va a decir que, “Cali era el sitio más hermoso del mundo”; no obstante, en otro momento, cuando sus condiciones afectivas son otras, los epítetos y expresiones que utiliza para referirse a Cali son completamente opuestos. En Infección, por ejemplo, se refiere a su ciudad natal de una manera demasiado agresiva, “Cali extraña. Ciudad ramera… Una ciudad que espera, pero no le abre la puerta a los desesperados” (1998 12). Pero, ¿Quién o quiénes son los desesperados? Podríamos atrevernos a afirmar, que son todos aquellos que viviendo en una ciudad que aún tiene rasgos de provincial, logran acceder a una información que no circula para todos, es la información que transmite el cine, la literatura, cierto tipo de música (el rock en inglés) y que hace de una ciudad un lugar que encierra, que encarcela, porque en ella esas mentes avanzadas para su época no logran encajar en ese imaginario colectivo vigente. Aquí es importante mencionar que la división que se visualiza en la obra caicediana en el conflicto entre el sur y el norte está asociada a condiciones económicas favorables para los del norte y que permitía el acceso de los jóvenes a un cine, una música (rock en inglés) y la literatura de los poetas malditos o de humor negro como la de Poe o la de Lovecraft que aún hoy es de acceso restringido; mientras que al sur llega la salsa totalmente en español, y que se populariza, como antes había sucedido con el tango, el bolero, entre otros géneros musicales. Un joven que crece con esas condiciones de información siempre sentirá que su imaginario supera el imaginario familiar o colectivo y no logra niveles de comunicación eficaz. Este tipo de joven siempre se mantendrá en crisis porque no logra comunicarse con sus coterráneos y sus afectos siempre tendrán el vaivén propio de los conflictos afectivos que vive. 

Esta contradicción de sus afectos por Cali y podríamos extenderlo, por todo, se sintetiza en esta frase personal: “la odio porque odiar es querer y aprender a amar” (Infección 12). Si nos preguntamos el motivo de esta contradicción, vamos a encontrar varias respuestas, alguna de las cuales hemos abordado en lo ya expuesto pero hay otras de razón personal, entre las que cuentan los conflictos con sus padres, los conflictos con sus amigos, con sus coterráneos, con sus novias, con Hollywood, todo ello por una visión muy idílica, romántica y simplista de su ciudad y de la vida en todas sus dimensiones, tal como lo sintetiza en la siguiente frase: “Que lo único que se necesita para desenvolverse en la vida son las cuatro operaciones fundamentales: sumar, restar, multiplicar y dividir hasta por once cifras, para lo que era un hacha” (El Atravesado 37). 

Este modelo romántico tiene sus orígenes en el tipo de lectura que realiza, como se confirma en el libro que se ha denominado “El Libro Negro de Andrés Caicedo”, el cual recoge las huellas de un lector voraz a través de su corta vida. El prólogo realizado por Valencia (refiriéndose a Andrés Caicedo) encontramos que: “bien puede ser, como aseguran Romero y Ospina, que el modelo formal de Caicedo sea Joyce. Pero la repetición del acto de levantarse y salir de la casa como preludio a la narración que caracteriza su obra no es joyciano: es absolutamente romántico y obedece en gran parte a la cultura de la droga que impone un modelo de vida basado en la adhesión a un grupo que se mueve” (2008 15). 

Podríamos hacer aquí un larga lista de términos propios de un léxico juvenil, muchos de los cuales obedecen a influencias, podríamos decir, importaciones lexicales, que realizan los jóvenes a partir de referentes simbólicos que empiezan a circular a nivel mundial en el siglo XX y a afectar el lenguaje juvenil. La radio, “Ya había uno que le quería pegar: o ponés algo en inglés o te sacudo. Corté por el camino más directo: apagó el radio”; el cine; la música, principalmente con la aparición del rock, “¿Que camellando?, lo que esta es tirado al dancing” (El Atravesado 20), la literatura, o la publicidad “Chiquita pero cumplidora, como cerveza Bavaria (Que viva la música 28) y el comercio, “Ahora, me voy, pues tengo un bisnes” (Que viva la música 116). Términos que aparecen inicialmente en uno de esos medios de expresión y que con el tiempo se van transformando, generalmente con ese recurso propio del lenguaje, entre otros, tal como se indica en la siguiente frase que muestra la transformación de uno de sus términos, “si me voy a almorzar hermanos lobos (en esa época lo que se usaba era el hermano lobo, después quedo en hermanolo, y después en hermano, y ahora todo el mundo dice es mano)” (El Atravesado 18). 

Enamoramiento y Piropos.

Todo proceso juvenil atraviesa un momento de enamoramiento que se puede ver en forma positiva o negativa, dependiendo como le haya ido.  Es común por eso que todo quede reducido a una mirada unidimensional de la vida como suele suceder y por eso es  “Que cada vez que la pienso me inutilizo” como lo dice Andrés Caicedo o si le genera crisis existencial y le hace perder el sentido de la vida, nos dirá que “No me lleves a la ruina. Porque me dolió la belleza de su espalda ¿Y fue que las espaldas se me doblaron? (Que viva la música  41).

Y cuando ese enamoramiento se vive, se siente en carne propia, entonces las canciones que se asocian a ese estado del alma, del espíritu y del cuerpo son las que llaman el afecto y le generan gusto, aceptación y por ello no queda otra que deletrear una canción puesto que se siente, “en esa noche de luna llena, y yo con  mi amor a cuestas: Como un rayito de luna/ Entre la selva dormida/ Así la luz de tus ojos/ Ha iluminado/ Mi pobre vida”, que aparece en  El Atravesado (14), aunque de hecho no es una canción suya. Pero da cuenta del estado emocional del personaje.

Y cuando el enamorado es otro, aquel ciudadano juvenil que circula por el espacio citadino como contrincante, como competencia, como aquel que le puede quitar un espacio; entonces se le molesta, se le “batanea” o se le molesta a su novia, si va con ella para dominarlo, humillarlo puesto que se sabe que no va a reaccionar y por ello tropezamos con  recursos del discurso indirecto para inferirlo, “ay como camina la niña, y el hombre mirando nomás, ¿no te vas a devolver o qué?” para que conteste pero ante la ineficacia de la acción, se le vuelve a increpar “…mamita para dónde vas con ese tonto, qué, te vas a cabriar o qué” y por ello, finalmente se le amenaza “dígale pelada que con la Tropa Brava sí nadie se mete, pa que aprenda.(El Atravesado 17).

Visión de mundo y Filosofía Juvenil

Estanislao Zuleta en 1986, bajo el título de “la juventud ante la crisis actual”, texto compilado en el conjunto de escritos del “Elogio de la Dificultad” (2005), indica que a la juventud se la ve como una “enfermedad  burguesa”, el sujeto de una crisis social que se avecina (2005 95). Pero  reconoce que ésta se está convirtiendo en un gran grupo social “que tiene costumbres, practicas, tipos de lenguaje, valores y forma de representación cada vez mas diferenciada e importantes (2005 98). 

Por eso quiero resaltar que Andrés Caicedo como reflejo de esa juventud en crisis de una u otra manera muestra otra faceta de la misma; aquella dedicada a pensar, a sacar conclusiones de su corta experiencia en la vida citadina. Se puede afirmar que visibiliza una generación perdida. En su libro “ !Que viva la música¡” ve su época como una en la que se dan grandes transformaciones, donde los jóvenes son invitados a vincularse a todas las prácticas sociales,  culturales y políticas, sin que tenga la suficiente preparación para ello. En concreto nos dirá: “Todos pertenecemos a lo mismo, todos hemos tenido las mismas oportunidades qué le vamos a hacer si nos toco la época en la que somos eternos seducidos y luego somos abandonados” (1977 121). Y lo complementa con una reflexión sobre los jóvenes y la época, “no salían de la certeza de que cuando se llegara la hora de evaluar esa época, ellos, los drogos, iban a ser los testigos, los con derecho al habla, no los otros, los que pensaban parejo…éramos imposibles de ignorar, la ola última, la más intensa, la que lleva del bulto bordeando la noche (1977 51) y continúa diciendo que “No fuimos innovadores: ninguno se acredita la gracia de haber llevado la primera camisa de flores o el primero de los pelos largos. Todo estaba innovado cuando aparecimos. No fue difícil, entonces, averiguar que nuestra misión era no retroceder por el camino hollado, jamás evitar un reto, que nuestra actividad, como la de las hormigas, llegara a minar cada uno de los cimientos de esta sociedad, hasta los cimientos que recién excavan los que hablan de construir una sociedad nueva sobre las ruinas que nosotros dejemos” (Que viva la música 77-78).

La pelea entre galladas, de igual manera le ha generado un saber y la necesidad de aprender algunas habilidades, técnicas y competencias. Nos va a dar un consejo para salir avante en una pelea. Nos dirá: “ El que da el primer tote y no gana es porque es un pendejo o porque está muy de malas” (19); que se puede complementar con otra recomendación y es que “por eso soy yo el que siempre tira la primera piedra” (Que viva la música 59). Y si en ese momento no nos da resultado y estamos acorralados, sea por la policía o por otras galladas nos dice que debemos, “Correr porque todo lo que tiene entrada tiene salida (Que viva la música 33).

Lo interesante, también  es que muestra que la mujer tiene habilidades o destrezas que hasta el momento no se han utilizado cuando se trata de poner condiciones o reclamar un derecho. Nos dirá que ella tiene “un arma tan revolucionaria como es el escándalo” ( Que viva la música 21)

Cierre temporal

Bueno y quiero finalmente terminar con una frase que sintetiza de una u otra manera ese momento histórico que vive la juventud de la Cali de los sesenta y setenta donde circulan nuevos lenguajes, nuevos saberes, nuevos requerimientos o competencias que solo generan crisis en todos los sentidos de la vida, desde el sentido de pertenencia hasta en el de la amistad y por eso como lo dice el narrador “O me calmo un poco o me quiebro el coco” (Que viva la música 34)

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